"Poesía Cirquera" es un proyecto literario. Un proyecto de divulgación pasional. Un proyecto que difunde a través de las distintas formas de la literatura, la pasión por los procesos creativos en general y por el circo y los espectáculos callejeros en particular. El proyecto se divide en dos grandes áreas:

La primera está conformada por textos escritos por Bruno M. Gagliardini (Brunitus), el director y generador del proyecto, artista de circo y artista callejero que dedica su vida a estas artes. La segunda es una recopilación de textos de los más variados autores y géneros, resultado de la búsqueda e investigación propia y la colaboración y sugerencia de amigos y colegas.

Así conviven cuentos, relatos, poemas y ensayos inspirados en el circo y sus personajes, la calle y su público. La risa, la idea, el riesgo, el sudor, los aplausos, el silencio. El circo, redondo como la luna, también tiene su cara oculta.

"Poesía Cirquera" es una grieta en la lona por donde espiar este fantástico mundo.
Pasen y vean. Pasen y lean...

Familia

Todos reían con ellos. Eran una dupla perfecta.
Pero nadie, por más ocurrente que fuera, hubiese imaginado que eran padre e hijo.

Una vez conocí a un payaso. Recuerdo que era muy mentiroso. Se la pasaba contando historias fantásticas de su pasado, que no coincidían con su mediocre presente. Dejando de lado la veracidad de las historias, daba gusto escucharlo. Se poseía, interpretaba los distintos personajes, cantaba y actuaba sus historias.

Lo conocí trabajando en un humilde circo. Un circo con buenas intenciones, pero solo eso. Él, era un gordito simpaticón que hacía reír al público con chistes clásicos. Luego de la función, mientras compartíamos la cena, comenzaban sus historias. Historias que hablaban de grandes circos donde el público se rendía a sus pies, premios al mejor payaso por sus grandes números y mujeres hermosas que se enamoraban perdidamente de él.

Una noche, alguien le preguntó por su familia. Se puso de pié, siempre hablaba de pié. Contó que nació en un pequeño pueblo. Su madre era una pelirroja exuberante y su padre era enano. Ambos, artistas de circo. De esa pareja despareja habían nacido cuatro hijos: Tres mujeres, dos hermanas mellizas enanas y una niña de altura normal. Y un varón, que era él, un joven alto y un poco gordito. Esa noche todos reímos escuchando e imaginando. Sus historias sorprendían, pero más sorprendía que siempre se le ocurriera algo nuevo y cada vez más absurdo.  Sus palabras nos llevaban de viaje. Todos sumábamos, a veces con burlas, otras con más mentiras. Mientras comíamos los restos del día anterior, construíamos el rompecabezas del pasado. Un pasado con mucho condimento, como la comida. Para que tenga mejor sabor.

El circo iba recorriendo pequeños pueblos. De jueves a domingo se hacían funciones. Cada tanto, se llenaba la carpa. Cada tanto, éramos más artistas que público. Pero la función nunca se suspendía, todo sumaba.

Un día, el silencio nos confundió. El payaso mentiroso siempre estaba molestando antes de entrar a la pista. Pero esta vez estaba callado, espiando entre los telones como la gente se acomodaba. Por primera vez, lo vi nervioso. Se maquilló más preciso que nunca, su vestuario estaba inusualmente impecable, y sus gags todos prolijamente acomodados. Le pregunté si todo iba bien pero no respondió.

La función fue una más, salvo por las risas. Lo que tenía alterado al payaso mentiroso, lo había inspirado. Tengo la teoría de que los nervios antes de entrar a la pista, son positivos. Implican respeto por el público y por lo que uno va a hacer. Implican hambre de que las cosas salgan bien. Un artista con la panza llena pierde su norte. Y ese día, el payaso mentiroso se comió al público.

Por la noche, la mesa para cenar tenía cinco platos más que de costumbre. El dueño del circo anuncio que teníamos invitados. Una mujer de curvas generosas y andar llamativo fue la primera en sentarse, junto a ella se acomodó una niña flaquita y alta. La niña llamo con un grito a sus hermanas. Dos mellizas, que eran enanas, llegaron corriendo. Y por último, el payaso mentiroso venía abrazado a un señor enano que apenas le pasaba la cintura.

En ese momento aprendí, que los payasos no mienten.
Simplemente llevan, una vida poca creíble.

Después de ese encuentro, el señor enano se sumó al espectáculo.
Todos reían con ellos. Eran una dupla perfecta.

Pero nadie, por más ocurrente que fuera, hubiese imaginado que eran padre e hijo.

                                                                                                   (Brunitus)




8 comentarios:

  1. Qué linda historia.
    Me encantó lo de "En ese momento aprendí, que los payasos no mienten. Simplemente llevan, una vida poca creíble."

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  2. Me encanto el relato, te dejo un saludo

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  3. que increible!!! hay un payaso que se llama Pitoco, que tiene 3 hermanas (2 enanitas mellizas y una normal)la madre es normal y el padre enano!!!! El Gran PETACO. ya fallecido!!!! era una figura!!!! pareciera que esta historia fue escrita para esa familia!!!! son Argentinos

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    1. Se me puso la piel de gallina... Esta historia fue escrita por ellos. Compartí el Circo Arlequín con Pitoco en el año 2003. Recorrimos el litoral de Argentina y llegando a misiones conocí a su familia. No sabía que Petaco había fallecido, que lástima. No supe nada más de ellos. Obviamente a la historia le agregue elementos de ficción pero está inspirada en ellos. Me emociona que te hayas dado cuenta. Gracias por escribir. Brunitus

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  4. perfecto todo ...historia y comentarios

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